Una de sus paradas fue el Parque Nacional de Etosha, en el noroeste de Namibia. Después de pasar varios días explorando la región, Georget decidió pasar más de un día acampado en un abrevadero del parque.
?El día resultó ser bastante aburrido, con el cielo nublado y poca actividad de la fauna, solo una pequeña manda de impalas vino a beber en la mitad de la tarde.
A las 18 horas, después de seis horas mirando sin que nada ocurriese, estaba pensando en irse pero decidió aguantar un poco más. A las 19 horas, con la puesta de sol, el cielo se volvió rojo y, como por arte de magia, ante sus ojos tuvo una escena perfecta: un rinoceronte surgió de la maleza y se detuvo a beber como una silueta.
Fue ahí cuando Georget disparó con su Pentax K-5 II y obtuvo una imagen prácticamente perfecta.Uso de cookies
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