La fotografía es una disciplina compleja. Los artistas que la practican sobretodo a nivel profesional pueden vivirla y expresarse a través de ella de formas muy diferentes. A grandes rasgos podría decirse que hay dos grandes vertientes: fotografía emotiva y fotografía mental.

La fotografía emotiva ocupa sin duda el puesto de mayor popularidad. En este tipo de fotografía podemos englobar todas aquellas imágenes que apelan a la emoción, a la intimidad, que parte de una base expresiva y sensible, donde el fotógrafo nos hace participe de su vida.
Como exponente máximo de este tipo de imágenes tenemos a Nan Goldin. Esta fotógrafa americana nos introducía en su vida de evocadoras imágenes rebosantes de sinceridad. Toda su obra alude a su intimidad. Fotografías altamente personales que nos descubren su alma y nos emocionan.
Este tipo de imágenes están en su mayor parte tomadas en formato analógico, más concretamente el de paso universal o 35 mm. Esto es debido a que a un nivel semiótico, este formato es el que mejor conecta con nosotros a un nivel emocional.
La fotografía mental es algo más compleja de explicar. Se tratan de imágenes carentes en apariencia de sensibilidad y algo más densas a nivel conceptual. Si de alguna forma las imágenes emotivas están tomadas con el corazón, estas últimas lo están con el cerebro.
De alguna manera son fotografías tomadas con un planteamiento previo, una búsqueda anterior recabando información ya sea sobre un concepto verbal o visual. Son imágenes evocadoras, inquietantes quizá pero vacías de emoción.

Si en la fotografía emotiva encontramos abanderados de la misma y es fácil encontrar autores, éste no es el caso de la fotografía mental, que parece ser un signo de vergüenza al estar alejada de la emoción. Es posible que podamos incluir a fotógrafos como Stephen Shore o William Eggleston.
Esto no quiere decir que una imagen de estos autores no pueda emocionarnos, pero la intención es otra: una búsqueda compositiva, un análisis de la luz, un nivel técnico, etc. Entre estas imágenes abunda el flash, la luz dura y los grandes formatos, todos estos elementos que aportan frialdad. El autor puede hablarnos de su vida, pero siempre desde la distancia emocional.

De algún modo todos somos abanderados de una de estas dos vertientes: lo importante es descubrir cual es la nuestra y aventurarnos a descubrir sus posibilidades.
Hasta pronto.