Brescia pone un gran empeño en el procesamiento posterior de la foto, a través del cual es capaz de alcanzar plenamente sus intenciones. Aunque muchos de sus autorretratos muestran escenas naturales y contemplativas, la foven fotógrafa no tiene miedo de ampliar sus límites creativos produciendo fotos más surrealistas en las que aparece sumergida en agua o flotantdo en el aire como un fantasma.
Brescia declara que se comenzó a interesar por el mundo del arte cuando tenía 12 años. En el mundo de la fotografía se introdujo gracias a un amigo y se ve que no se le ha dado nada mal. Asegura que se siente inspirada por momentos de su vida, sus sentimientos, sus recuerdos pero no por el trabajo de otros. "Mi trabajo es como un periódico", señala. Brescia dice que trabaja mejor cuando está enfadada y molesta o cuando tiene algún tipo de problema. Ese es el germen para dar a luz a un proyecto: "un sentimiento fuerte o algo que tenga que expresar o decir algo en voz alta, a partir de ahí surge la idea".