24/05/2018

¿Por qué el balance de blancos puede ser tu aliado?

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Para los amantes de la fotografía que no tienen muchos conocimientos técnicos, el concepto balance de blancos puede sonar a chino, como algo demasiado complicado en lo que es mejor no meterse. Cierto es que, como en casi todo en nuestros tiempos fotográficos, hay una opción de nombre "automático" que nos es de gran ayuda para no estropear mucho nada y seguir con nuestras sesiones. Pero igual de cierto es que, si profundizamos un poco, y no nos referimos a un máster de fotografía, sino a conocer el concepto y lo que puede hacer por nosotros, podemos conseguir resultados espectaculares. Y además, ¡el saber no ocupa lugar!

Balance de blancos en fotografía

En este artículo trataremos de explicarte de forma muy simple el significado de balance de blancos y cómo usarlo para mejorar tus fotografías. Verás que es muy sencillo.


¿Qué es el balance de blancos?

Seguramente alguna vez hayas observado que una foto queda muy amarillenta o azul, por ejemplo. Probablemente te haya sorprendido que en el momento de capturar la imagen los colores que tú percibías eran totalmente diferentes. Eso ocurre porque el visor de la cámara es una herramienta mucho menos perfecta que nuestros ojos. Dicho de otra manera, nuestros ojos hacen un balance de blancos de forma automática pero la cámara, si tú no le indicas que lo haga, procesará las temperaturas de color de la imagen de forma diferente.

Imagen en tonos azulados (temperatura de color fría)

La mayoría de cámaras digitales pueden ajustar la temperatura de color al hacer zoom sobre un objeto de color blanco cuando activamos la función balance de blancos. Le indicamos a la cámara que este objeto es blanco, entonces ella toma el verdadero blanco como blanco y ajusta los otros colores en función de éste. Por lo tanto, el "balance de blancos", "equilibrio de color" o "equilibrio de blancos" es un ajuste realizado por el software que consigue una reproducción de color correcta sin mostrar dominantes de color.


Temperatura de color


La temperatura de color es aquello que queremos regular con el balance de blancos para ajustar las distintas tonalidades que puede tener una luz. Normalmente éstas se resumen en tres: neutra, cálida y fría.
 

  • Temperatura de color neutra. Es la que tenemos en las horas centrales del día o la que conseguimos con la luz del flash.
  • Temperatura de color cálida. Son tonos más rojizos como los que vemos en las puestas de sol.
  • Temperatura de color fría. Cuando hacemos fotos en días nublados o con nieve, suelen predominar los tonos azulados que también se llaman fríos.


Todas estas temperaturas se miden en grados Kelvin. En la Wikipedia encontramos algunos ejemplos de temperatura de color que, aunque no son exactos, pueden ayudarnos a tener una aproximación de cómo funcionan estas mediciones:
 

  • Colores cálidos:

    1700 K: Luz de una cerilla

    1850 K: Luz de vela

    2700–3300 K: Luz incandescente o de tungsteno (iluminación doméstica convencional)

    3000 K: tungsteno (con lámpara halógena)

    4000–4500 K: Lámpara de vapor de mercurio

    5000 K: Luz Fluorescente (aproximado)
 

  • Colores neutros:

    5500–6000 K: Luz de día, flash electrónico (aproximado)

    5780 K: Temperatura de color de la luz del sol pura
 

  • Colores fríos:

    6200 K: Lámpara de xenón

    6500 K: Luz de día, nublado

    6500–10500 K: Pantalla de televisión (LCD o CRT)

    28000–30000 K: Relámpago



Para ajustar el balance de blancos tendríamos que subir la temperatura de color si, por ejemplo, disparamos en un día nublado, o bajarla si queremos obtener tonos neutros cuando fotografiamos algo a la luz de las velas. No necesitaremos hacerlo si queremos aprovechar el efecto cálido de una puesta de sol y captar en la imagen todas sus tonalidades amarillentas, anaranjadas y rojas. Del mismo modo, si queremos transmitir el frío en una foto de un paisaje nevado, las tonalidades azuladas pueden ser un buen aliado para hacer sentir esa temperatura al espectador.

Imagen con temperatura de color cálida

Si necesitamos hacer fotografías de forma rápida o nos movemos en lugares con luces muy cambiantes y dispares, el balance de blancos automático será una gran ayuda, al igual que disparar en formato raw, ya que nos permitirá ajustar de forma específica el balance de blancos en la edición, sin perder un ápice de calidad en nuestras fotos.

  
 

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