Los retratos pueden ser espontáneos, robados, posados, coniluminación de estudio, natural o casera. El ambiente y la actitud de la persona retratada influirán el resultado final. También la relación que tengamos con esta persona: no es lo mismo una amigo, que un familiar, que un desconocido. Nuestro trato hacia el retratado debe variar en función de los resultados que queramos obtener, no es lo mismo querer captar una sonrisa, que un gesto de tensión.
También habrá que tener en cuenta el rostro de la persona: algunos rostros funcionan mejor con luz natural que con flash y viceversa. Normalmente las facciones marcadas resultan más atractivas con luz natural, y las suaves conflash, el ojo se irá entrenando a ello y con el tiempo seremos capaces de identificarlo de un vistazo: todo se basa en la práctica.
Si no tenemos demasiado tiempo para hacer un retrato, lo mejor es tomar la medida de la luz antes de que la persona aparezca, para que no tengamos que preocuparnos de medir la luz delante suya: esto refleja profesionalidad y de paso, aumenta la confianza del retratado en nosotros.
Lo más importante es tener paciencia: con el tiempo iremos desarrollando un estilo propio. En los retratos no hay normas sobre lo que es mejor o peor: solo se trata de descubrir nuestro camino.Uso de cookies
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